Es frecuente ver a los ganadores recrearse en la victoria , intentando dañar la moral y los sentimientos de los perdedores, y a estos no aceptarla, tildándola de injusta, de ilegal, y respondiendo con escenas de desacuerdo, malestar e incluso lágrimas, pero lágrimas de verdad, de esas que caén por las mejillas.
En la vida misma, que a veces es como un juego, ocurre algo parecido, se nos presentan infinidad de momentos en las que debemos estar preparados para ganar y como no, para perder. El deporte y la propia escuela son dos escenarios ideales para ensayar y aprender ambas situaciones.
No penséis que critico a los alumn@s, yo también tuve su edad, y creo que pensaba y reaccionaba como muchos de ellos; después, el paso del tiempo sobre todo, los consejos y ejemplos de algunos mayores, la situación personal de cada uno y el grado de conocimiento que tengan o tengáis hará que todas estas reacciones permanezcan para siempre o queden atrás y las veáis como lejanas. A pesar de esto que escribo, a ganar y a perder, como a tantas otras cosas, se está aprendiendo durante toda la vida, yo lo hago a menudo.
Saber ganar y exteriorizar la alegría en su justa medida , ponerse en el lugar de los que han perdido, entender que la próxima vez los papeles de ganadores y perdedores pueden invertirse, no es nada fácil. Saber perder también es complicado, o lo que es lo mismo, entender que es una posibilidad entre dos, que los otros fueron mejores, o que influyeron otros factores que también forman parte del juego, felicitar a los adversarios, nunca enemigos, e incluso alegrarse sinceramente por sus sentimientos, valorar más que la derrota, el propio esfuerzo y el trabajo bien hecho, no es lo fácil ni habitual.
De vez en cuando , entre los deportistas de élite , esos que solemos admirar, surgen numeros uno en el juego, y en contadas ocasiones, coincide que además de ser los mejores como deportistas, también son los mejores como personas. A fecha de hoy es el caso de Rafa Nadal, hace unos dias perdió por tercera o cuarta vez consecutiva con su rival Djokovik, haciendo un partidazo, jugando al límite de sus posiblidades y dándo lo mejor de él mismo, aunque al final, cayó derrotado. No buscó excusas, no hubo malas caras, a pesar de no estar acostumbrado a perder, Nadal, supo actuar con humildad , felicitando a su rival, saludando al arbitro y regalando su cinta del pelo a algun admirador incondicional.
Gracias Nadal, por tu juego , por ser una referencia para todos, jóvenes y no tan jóvenes, en la pista y fuera de ella. No olvidaremos tus victorias en Roland garros, Winblendon, etc, etc, conseguidas a base de genialidad, esfuerzo y entrega y tampoco la forma en la que supistes saber perder en contadas ocasiones, ellas, sin duda, harán más grande tu leyenda, la leyenda de un campeón.
JMM.